Diario al Día | Santo Domingo, República Dominicana – La entrevista realizada por Tony D’Andrade al cantante Alex Bueno reconstruye su vida artística y personal desde la infancia hasta su consolidación en el escenario del merengue dominicano, explorando su evolución, sus desafíos personales y su impacto en la música tropical, además de su proyección internacional en Estados Unidos y América Latina.

Desde los seis años, Alex Bueno se vincula a la música en San José de las Matas, creciendo en un entorno familiar donde su madre toca violín y guitarra.

Alex Bueno
Alex Bueno

En su adolescencia, a los trece años, ya participaba en serenatas, orquestas locales y hasta en perico ripiao como bajista, mientras iniciaba su primer consumo de alcohol.

Este entorno temprano marcó su relación con el merengue dominicano, que comenzaba a definir su identidad artística desde muy joven.

Su ascenso profesional se acelera con su participación en festivales donde interpreta “El Pájaro Chowín”, logrando el primer lugar y atrayendo la atención de figuras como Wilfrido Vargas.

Alex Bueno
Alex Bueno

Luego, Fernando Villalona lo integra a su orquesta, consolidando giras internacionales. Aunque la industria lo colocó en supuesta rivalidad con otros artistas, la narrativa también lo conectó con programas como “El Show del Mediodía” y “El Sabroshow”, donde el merengue dominicano se convertía en eje de competencia mediática más que personal.

En su etapa más compleja, el artista reconoce su exposición a entornos de adicciones vinculadas a la cultura del crack y al consumo temprano de alcohol.

Alex Bueno y Fernando Villalona
Alex Bueno y Fernando Villalona

Afirma que salir de esa etapa fue posible “solo con ayuda de Dios”. También recuerda episodios de violencia en presentaciones, con incidentes de piedras contra autobuses y situaciones de riesgo con armas de fuego, incluyendo un caso en Baní donde una mujer lo protege.

Además, relata un accidente en carretera en Haina al tomar una curva sin experiencia, del que sale ileso, experiencias que marcaron profundamente.

Su internacionalización llega con giras en Nueva York, Colombia, Venezuela y Puerto Rico, donde experimenta el impacto cultural de grandes ciudades y escenarios.

En ese periodo también habla de su vida personal, incluyendo su relación con Sara Arias y su residencia en Estados Unidos.

Asimismo, menciona experiencias afectivas desde los 16 años y su trabajo con Carlos David, fortaleciendo su presencia en la industria del baile y el crecimiento del merengue dominicano fuera del país.

El cantante también reconoce haber participado en eventos vinculados a figuras del narcotráfico, aunque aclara que no en Colombia.

Explica que en aquella época estas contrataciones eran parte del circuito habitual. En paralelo, reflexiona sobre la evolución del género, criticando las transformaciones del merengue urbano por alejarse de la esencia clásica.

Destaca la importancia de Juan Luis Guerra, con quien incluso compartió coros, como parte de la riqueza colaborativa del merengue dominicano en distintas generaciones.

En la etapa final de su testimonio, Alex Bueno aborda el ego entre artistas como una de las razones de la falta de colaboraciones en el merengue tradicional.

Asegura que muchas rivalidades fueron construcciones de la industria más que conflictos reales. Defiende la unión entre músicos como clave para la permanencia del género y reivindica la esencia del merengue dominicano clásico como base de identidad cultural, cerrando con una visión crítica pero conciliadora sobre el futuro de la música tropical.

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