Diario al Día| Santo Domingo, República Dominicana – La influencia de Santiago Matías, conocido como Alofoke, en la política dominicana es tema de debate. Su presencia en redes sociales es amplia, pero su impacto en resultados electorales es limitado.

Popularidad digital versus votos reales

Los videos de Alofoke pueden alcanzar millones de visualizaciones en pocas horas. Sin embargo, esta popularidad no se traduce directamente en votos. Muchas personas consumen su contenido por entretenimiento o curiosidad, sin que ello implique una movilización electoral efectiva.

Además, una parte importante de su audiencia no participa activamente en las elecciones. Por ello, métricas como «likes» o reproducciones no reflejan con precisión la intención de voto.

El algoritmo de plataformas digitales no está vinculado al censo electoral, por lo que confundir audiencia con electorado puede llevar a conclusiones erróneas.

La fuerza de las estructuras políticas tradicionales

En República Dominicana, las elecciones dependen de estructuras partidarias consolidadas como el PRM, PLD y FP, que cuentan con redes de apoyo en comunidades y barrios.

Líderes locales, juntas de vecinos y alcaldes juegan un papel clave en la movilización de votantes cara a cara. Además, las campañas requieren recursos económicos y alianzas con sectores empresariales, aspectos que no pueden ser reemplazados por la popularidad digital.

El electorado joven y su diversidad

Aunque Alofoke conecta con un público joven, este sector es heterogéneo y crítico. No existe uniformidad en sus preferencias políticas ni una adhesión automática a las figuras que siguen en redes sociales.

Muchos jóvenes consumen el contenido para entretenimiento y no necesariamente para formarse una opinión política. Por ello, la influencia digital puede movilizar solo a una parte marginal de este electorado.

El rol real de la influencia digital

Santiago Matías cumple un papel importante como amplificador de temas y narrativas. Puede generar visibilidad, viralizar contenidos y poner en agenda asuntos poco discutidos. También puede convertir a desconocidos en figuras nacionales en poco tiempo.

No obstante, no tiene la capacidad de garantizar un traslado masivo de votos ni de reemplazar la logística partidaria o la selección de candidatos presidenciales. Su poder es más de megáfono que de árbitro electoral.

Política y espectáculo digital

Algunos políticos parecen priorizar la exposición mediática y la viralidad en redes sociales por encima de propuestas concretas. Esta tendencia puede afectar la calidad del debate político y generar una dependencia excesiva del espectáculo digital.

La atención en redes sociales es un componente más, pero no debe ser la única vía para conectar con el electorado ni para definir estrategias electorales.

Conclusión

La influencia digital es relevante en la comunicación política actual, pero el poder decisorio en las elecciones permanece en manos de los ciudadanos y las estructuras tradicionales.

La participación electoral y el liderazgo político requieren más que popularidad en redes sociales, involucrando factores complejos y multidimensionales que determinan el rumbo político del país.

Santiago Matías

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