Diario al Día, República Dominicana- Para miles de dominicanos que emigraron a Nueva York en los años 60, cocinar no era solo alimentarse, sino mantener viva la isla desde una cocina prestada y con nostalgia.

En esa búsqueda de sabores familiares, cuatro letras comenzaron a repetirse en los hogares quisqueyanos: Goya. La marca se volvió parte esencial de la experiencia culinaria dominicana.

El proceso fue decisivo para la propia empresa, que se dominicanizó gracias a las mujeres que acudían a los mercados buscando productos y sabores familiares en Nueva York.

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Foto de cottonbro studio

Así, Goya comprendió algo clave: donde está el dominicano, está su cocina. La marca empezó a contratar vendedores dominicanos y reforzó su presencia en comunidades migrantes.

En 1971, Goya estableció su fábrica en República Dominicana, fortaleciendo su vínculo con los productores locales y consolidando su papel en la alimentación de los hogares quisqueyanos.

Hoy, desde San Cristóbal, cientos de dominicanos producen alimentos que llegan a mesas de todo el mundo, manteniendo viva la tradición culinaria y los sabores de la isla.

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La historia de Goya refleja migración, orgullo y raíces que no se arrancan, demostrando cómo la gastronomía se convierte en un puente entre la memoria y la identidad cultural.

Esa relación se fortaleció con el tiempo. Los productos acompañaron rutinas diarias. La marca quedó asociada a memorias familiares dominicanas.