Publicado: 19 de septiembre de 2023 · Lectura aproximada: 6–7 minutos

Que una página tarde en cargar o que un video se detenga justo cuando estás más concentrado es una de esas cosas que desesperan a cualquiera.

Lo curioso es que muchas veces damos por sentado que el problema es “el internet” en general, cuando en realidad hay varios factores dentro de casa que influyen directamente en la velocidad y estabilidad de tu conexión wifi.

Si sientes que tu internet ya no rinde como antes, aunque sigas pagando el mismo plan, no estás solo. A continuación te explico, de forma clara y práctica, por qué ocurre y qué ajustes simples puedes hacer para mejorar tu experiencia diaria.

Photo by Dreamlike Street on Unsplash

En muchos hogares, el primer punto a revisar es la ubicación del equipo principal. Si usas un gateway inalámbrico 5G, como los que ofrecen algunos servicios de Internet residencial, la posición del dispositivo es clave.

Colocarlo cerca de una ventana o en un punto elevado, como una repisa o el segundo nivel de la casa, puede ayudar a que reciba mejor señal.

La idea es evitar esquinas cerradas o lugares rodeados de paredes gruesas. Mientras más “libre” esté el equipo, mejores resultados suele dar.

En algunos casos, basta con moverlo unos metros para notar un cambio real en la velocidad.

Muchos proveedores incluyen aplicaciones móviles que permiten revisar la intensidad de la señal, ver cuántos dispositivos están conectados y hacer ajustes básicos sin tener que llamar a soporte técnico.

Vale la pena explorarlas, porque suelen dar pistas claras sobre si el equipo está bien ubicado o no.

Cuando la casa es grande o tiene varios niveles, un solo equipo puede quedarse corto. Aquí es donde los sistemas de cobertura de malla entran en juego. En lugar de depender de un solo punto de señal, se colocan varios dispositivos distribuidos estratégicamente para cubrir toda la vivienda.

Photo by Compare Fibre on Unsplash

Este tipo de configuración ayuda mucho en habitaciones alejadas, patios, oficinas en casa o zonas donde antes la señal llegaba débil. No es raro que personas que trabajan desde casa noten una mejora inmediata al instalar un sistema de este tipo.

Si tu proveedor usa un enrutador tradicional, la ubicación sigue siendo igual de importante. Muchas veces escondemos el enrutador detrás del televisor o dentro de un mueble para que no se vea, pero eso suele afectar el rendimiento.

Materiales como el metal, los libreros llenos de libros o incluso algunos electrodomésticos pueden interferir con la señal. Lo ideal es colocar el enrutador en un espacio abierto, a una altura media y más o menos en el centro del hogar.

Otro punto que pocas personas revisan es el uso de datos. Algunos planes de Internet residencial tienen un límite mensual. Cuando se alcanza, la velocidad puede reducirse sin que sea muy evidente.

Una prueba de velocidad puede ayudarte a aclarar dudas. Si los números coinciden con lo que ofrece tu plan, pero notas que todo va más lento hacia el final del mes, quizá estés llegando al límite. En ese caso, revisar otras opciones o actualizar el plan puede ser una solución.

El uso constante de una VPN también influye. Las redes privadas virtuales son excelentes para proteger la información, especialmente cuando usas redes públicas.

Sin embargo, ese nivel extra de seguridad implica que tus datos viajan por servidores adicionales antes de llegar a su destino.

Si mantienes la VPN activada todo el tiempo, incluso cuando estás conectado a tu red doméstica, es posible que estés reduciendo tu velocidad sin notarlo.

En casa, desactivarla suele traducirse en una navegación más fluida.

Photo by Misha Feshchak on Unsplash

Los dispositivos también juegan un papel importante. Programas no deseados o aplicaciones que se ejecutan en segundo plano pueden consumir recursos y ancho de banda sin que te des cuenta.

En computadoras y laptops, ciertas aplicaciones pueden usar la conexión para enviar información, sincronizar datos o ejecutar tareas automáticas. Esto se traduce en demoras al cargar páginas, enviar correos o ver contenido en línea.

Hacer revisiones periódicas con herramientas de seguridad confiables ayuda a mantener el equipo limpio y funcionando de forma eficiente. Mantener el sistema operativo y los programas actualizados también marca la diferencia.

Otro aspecto que suele pasarse por alto es la antigüedad del equipo. Los módems y enrutadores no duran para siempre. Si compraste el tuyo hace varios años y nunca lo has cambiado, es posible que ya no esté preparado para manejar la cantidad de dispositivos que usas hoy.

La tecnología wifi evoluciona rápido. Muchos teléfonos, televisores y computadoras actuales están diseñados para trabajar con estándares más recientes. Si el enrutador no los soporta, el rendimiento general se ve afectado.

En términos generales, los módems suelen durar un poco más, pero los enrutadores conviene actualizarlos con mayor frecuencia. Invertir en un equipo moderno puede sentirse como un gasto innecesario al inicio, pero suele mejorar notablemente la experiencia.

También es importante considerar cuántos dispositivos están conectados al mismo tiempo. Entre teléfonos, tablets, televisores inteligentes, cámaras, asistentes virtuales y consolas, la red doméstica puede saturarse fácilmente.

Si varias personas están transmitiendo video, trabajando en línea o jugando al mismo tiempo, el ancho de banda se reparte. En estos casos, priorizar dispositivos o mejorar el equipo puede ayudar a evitar caídas de velocidad.

En algunos hogares, cambiar el canal del wifi o separar la red en dos bandas —una para 2.4 GHz y otra para 5 GHz— puede mejorar la estabilidad. La banda de 5 GHz suele ser más rápida, aunque tiene menor alcance, mientras que la de 2.4 GHz llega más lejos.

Pequeños ajustes como estos, que muchas veces se hacen desde el panel de configuración del enrutador, pueden marcar una diferencia real sin necesidad de cambiar de proveedor.

Si después de revisar todo lo anterior la conexión sigue siendo lenta, puede ser útil contactar al proveedor para verificar si hay interrupciones en la zona o si el equipo necesita una actualización.

En definitiva, una conexión wifi lenta no siempre significa que tu servicio sea malo. En muchos casos, el problema está dentro de casa y tiene solución con cambios sencillos: mover un equipo, actualizar un dispositivo o ajustar hábitos de uso.

Tomarte unos minutos para revisar estos puntos puede ahorrarte horas de frustración y ayudarte a disfrutar nuevamente de una conexión estable, rápida y confiable en tu día a día.