Diario al Día | Santo Domingo, República Dominicana — El geólogo Osiris de León lanzó una advertencia que toca directamente a quienes viven en el Gran Santo Domingo: en varias zonas de la capital y sus alrededores, el suelo de arcilla puede hacer que un terremoto se sienta más fuerte y golpee con más fuerza a edificios, hospitales y pasos elevados.

No se trata de una alerta inmediata, pero sí de una recomendación clara: hay que saber cómo responderían las estructuras más importantes ante un temblor grande.

¿Por qué se habla de esto ahora?

En los últimos meses se han registrado terremotos fuertes en países como Venezuela, México, Japón, Colombia, Indonesia, España y Guatemala. Muchas personas han sentido que el planeta está temblando más de lo normal.

De León explicó que no es así. Según sus datos, cada año ocurren en promedio unos 140 terremotos de magnitud superior a 6. La diferencia es que normalmente están repartidos durante todo el año, mientras que ahora varios se concentraron en unos 60 días.

Osiris De León analiza los últimos terremotos
Osiris De León analiza los últimos terremotos

Eso hace que parezca algo fuera de lo común, pero se trata de una casualidad, no de una actividad anormal de la Tierra.

El caso de Venezuela y Colombia sí tuvo una conexión especial: ambos países están sobre una misma zona tectónica. El primer terremoto pudo mover la tierra hacia el oeste y noroeste, y eso habría influido en el segundo, que afectó la zona cafetalera de Colombia, incluyendo lugares como Pereira, Manizales y Cali.

La fuerza del terremoto no lo es todo

El geólogo recordó que la magnitud de un temblor no es lo único que determina el daño que puede causar.

En Venezuela, por ejemplo, se juntaron cuatro factores: la fuerza del terremoto, el suelo blando, el diseño de las construcciones y el uso de materiales poco resistentes.

También importa a qué profundidad se rompe la falla. En Colombia, el terremoto se originó a unos 100 kilómetros de profundidad, lo que permitió que la energía se redujera antes de llegar a la superficie. En cambio, en Venezuela e Indonesia, la ruptura ocurrió a solo unos 10 kilómetros, por eso las ondas llegaron con más fuerza.

La arcilla: el factor que puede aumentar el peligro

Hay un detalle que muchas personas no toman en cuenta cuando piensan en terremotos: el tipo de suelo.

En el Gran Santo Domingo existe una especie de frontera natural. Hacia el este y el sur, el terreno es principalmente roca caliza, que es más firme. Hacia el oeste y el norte, hay muchas zonas asentadas sobre arcilla, un material blando y flexible.

Gran Santo Domingo
Gran Santo Domingo

Según De León, en suelos de arcilla las ondas sísmicas viajan a una velocidad de apenas 80 a 100 metros por segundo, mucho más lento que en la roca. Al moverse más lento, esas ondas se amplifican y multiplican la fuerza con la que empujan los edificios de lado a lado.

Piénselo así: si usted impacta una mesa dura, el impacto se siente de una forma; si golpea un colchón, el movimiento se nota distinto y puede rebotar más. Con el suelo pasa algo parecido.

Un edificio que no esté diseñado con suficiente firmeza para ese tipo de movimiento podría sufrir daños.

De León explicó que esta diferencia de terreno también ayuda a entender por qué en algunas zonas de Santo Domingo hay más edificios altos y en otras predominan los bajos.

¿Qué estructuras deberían revisarse?

El geólogo recomendó hacer un inventario y estudios especiales de respuesta sísmica local. En palabras sencillas: analizar cómo se comporta el suelo y cómo respondería cada construcción ante un terremoto grande.

La prioridad debe estar en los lugares más sensibles y concurridos:

– Hospitales.
– Pasos elevados.
– Edificios altos.
– Otras estructuras que prestan servicios importantes.

La idea no es alarmar, sino saber de antemano cuáles estructuras pueden resistir y cuáles necesitan reforzarse.

¿Y qué puede hacer usted si tiembla?

De León también recordó algo práctico para las personas. Si usted está en un primer o segundo nivel y puede salir rápido, lo mejor es dirigirse a un espacio abierto.

Pero debe alejarse de postes de luz, cables eléctricos, árboles en mal estado, letreros grandes o cualquier cosa que pueda caer.

Salir corriendo sin mirar el entorno también puede ser peligroso. Por eso insistió en que las familias deben conocer las rutas de salida y los lugares seguros de su casa, su trabajo o la escuela de sus hijos.

Ese tipo de planificación, dijo, debe hacerse también en empresas, escuelas, liceos y hospitales.

¿Por qué esto le importa a su familia?

Porque el lugar donde usted vive, trabaja o lleva a sus hijos puede estar sobre un suelo que amplifique un terremoto sin que lo sepa.

La recomendación del experto no es solo para ingenieros o autoridades: es una invitación a preguntar, informarse y tener un plan familiar.

Saber por dónde salir, con quién reunirse y qué zonas evitar puede marcar una gran diferencia si ocurre un temblor fuerte.

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