La primera vez que pedí un aumento, me temblaban las manos. No por falta de resultados, sino por el peso cultural del tema. Hablar de dinero se siente incómodo. Virna Viteri, de birnaviteri.com, lo dice claro: la tensión baja cuando tu cabeza está ordenada.
Y esa idea cambia todo. Porque el aumento no se “pide por pedir”. Se construye. Se prepara. Se presenta con calma.
Además, se conversa con respeto. Cuando haces eso, la charla deja de ser un momento tenso y se convierte en una negociación adulta, basada en valor.
El error que te puede salir caro

Virna cuenta una escena que vale oro. Un gerente le pidió aumento a su gerenta general porque ahora tenía hipoteca. Él necesitaba “ganar más”.
El resultado fue un boomerang. La jefa se quedó con mala impresión. ¿Por qué? Porque el argumento habló de su vida, no del valor.
Esto duele, pero es real: los aumentos no se otorgan por colegios, deudas o gastos. Eso es tu historia personal. En la mesa de trabajo, la empresa escucha otra cosa. Escucha impacto. Escucha resultados. Escucha qué mejoras generaste. Por lo tanto, tu guion debe partir desde ahí.
Dos claves antes de abrir la conversación

Virna resume todo en dos cosas: preparación y timing. La preparación te quita nervios. El timing te aumenta probabilidades.
No todas las empresas funcionan igual, pero hay una regla práctica: conviene hablar meses antes de que armen el presupuesto del próximo año.
Eso no significa que si “ya pasó” no lo intentes. Solo significa que, si puedes elegir, elige cuando la conversación tenga espacio en números.
Un aumento necesita caber en un presupuesto. Si llegas tarde, igual puedes negociar, pero será cuesta arriba. Y conviene saberlo.
Data mata paja: tu carpeta de evidencia

Julio Cañas, en Despierta tus finanzas podcast, lo dice a su estilo: “Data mata paja”. Puedes hablar bonito, pero los hechos pesan más. Entonces, antes de pedir, recopila evidencia. Idealmente de los últimos seis a doce meses. Y que sea concreta.
Hazte preguntas simples. ¿Tu trabajo aportó a objetivos del área? ¿Hubo retención de clientes gracias a ti? ¿Conseguiste nuevos clientes? ¿Creaste ahorros o eficiencias? ¿Mejoraste un proceso que antes tomaba tres días y ahora toma uno? Esos ejemplos cambian la conversación.
También cuenta el feedback. ¿Recibiste comentarios positivos? ¿Se repite una misma idea sobre tu desempeño? ¿Participaste en un proyecto importante? ¿Cuál fue tu rol? ¿Qué resultados dejó? Cuando escribes esto, algo pasa: empiezas a creerte tu valor. Y llegas con otra energía.
Entiende qué necesita escuchar tu jefe

Otro punto que Virna repite es ponerse en los zapatos del jefe. Tu jefe no solo decide. También “vende” tu aumento hacia arriba o a Recursos Humanos.
Entonces pregúntate: ¿qué ganan ellos contigo? ¿Qué les preocupa? ¿Qué objetivos les miden? Tu mensaje debe tocar eso.
Cuando muestras que entiendes las necesidades del equipo y la empresa, te vuelves aliado, no problema. No hablas desde “yo quiero”, sino desde “esto conviene”. Y ojo: ese compromiso a futuro no se inventa. Se conecta con lo que ya investigaste sobre prioridades reales.
Investiga el mercado y llega con un número

La parte difícil siempre llega: el número. Aquí mucha gente se frena. Pero sin número, tu solicitud queda floja. Investiga salarios de tu rol en tu ciudad e industria.
Julio menciona páginas como Payscale, Glassdoor y Salary.com. Úsalas como punto de partida, no como verdad absoluta.
Complementa con otra fuente. Habla con reclutadores, headhunters o coaches de carrera. Ellos ven el mercado moverse.
También conversa con personas en roles similares, con cuidado y buen criterio. La idea es tener dos referencias y sacar una media. Así defines un número que tenga sentido.
Y aquí va un detalle clave que Virna y otros especialistas repiten: di un número, no un rango. Si das rango, te empujan al mínimo.
Además, un rango suena a inseguridad. Practica decir tu cifra en voz alta. Grábate. Revisa tu lenguaje corporal. Ajusta y repite.
Qué porcentaje pedir: una guía realista
En el enfoque de Julio, en Estados Unidos el aumento anual promedio por desempeño ronda cerca del 3%. Un incremento “bueno” suele acercarse al 5%.
Y si tus responsabilidades subieron fuerte o tus resultados fueron muy relevantes, podrías plantear algo mayor, incluso en el rango 10% a 20%.
No tomes esos números como receta universal. En Latinoamérica y Europa varía mucho. Por eso, vuelve a la idea: mercado + resultados + contexto.
Si estás por debajo del promedio salarial de tu rol, tu caso se fortalece. Si además aportas con datos, mejor todavía. Ahí se vuelve negociable.
Evita anclarte en necesidades personales

Esto se repite en varias voces del texto: no bases tu pedido en “la vida está más cara”. Suena lógico, pero no pesa en una negociación empresarial.
Tu empleador no toma decisiones por tus compras, tu hipoteca o si quieres vacaciones. Suena duro, pero te ayuda a jugar bien.
Lo que sí pesa es tu contribución. Por eso, arma tu mensaje con la lógica de intercambio: la empresa gana cuando tú generas valor.
Si tu valor creció, tu salario debe revisarse. Esa es la línea. No es “necesito”, es “aporté y puedo aportar más”. Cambia el tono completo.
El guion de arranque que te ordena la mente
Julio propone un guion sencillo para iniciar. Empieza con gratitud y enfoque en objetivos. Algo como: “Gracias por recibirme.
Me entusiasma lo que estamos haciendo y quiero seguir creciendo aquí”. Luego pasas a hechos: proyectos, logros, mejoras. Y después lo conectas con mercado y solicitud.
Una versión adaptada sería: “He documentado mis contribuciones en los últimos X meses. También investigué los rangos salariales de mi rol en esta ciudad e industria.
Por mi experiencia, habilidades y resultados, me gustaría que consideremos un incremento de X% o un ajuste a X cifra”.
Después de decir el número, Virna da un tip de oro: te quedas en silencio. No llenes el espacio por nervios. El silencio incomoda, pero juega a tu favor. Tú ya dejaste claro tu valor, tu compromiso y tu cifra. Ahora le toca a la otra parte responder y procesar.
Formalidad: reunión privada, no pasillo

Otra idea que aparece fuerte es la forma. No pidas aumento en el pasillo, cafetería o “aprovechando que lo vi”. Pide una reunión formal. Agenda privada.
Así evitas el “ahora no puedo” y le das peso al tema. También eliges una hora donde la persona esté enfocada.
Muchos recomiendan media mañana, pero lo más útil es observar hábitos reales. ¿Tu jefe llega estresado temprano? ¿Se llena de reuniones en la tarde? Elige un momento sin presión. Además, evita hacerlo justo antes de salir o antes de una reunión crítica. El contexto influye más de lo que crees.
Después del “sí”, del “no” y del “quizás”
Cuando termine la reunión, agradece. Si te dicen que sí, pregunta por tiempos. Algo simple: “Gracias. ¿En qué plazo lo revisarán con Recursos Humanos?”. Si te dicen “quizás”, acuerda seguimiento con fecha. Así no queda en el aire. Y si te dicen que no, no lo tomes personal.
En un “no”, pide claridad: “¿Qué tendría que pasar en los próximos tres a seis meses para revisitar esta petición?”. Esa pregunta te da un mapa.
Si te responden con metas concretas, tienes camino. Si te responden vago, también es información. Y ahí decides con calma.
Negocia también salario emocional y beneficios
Si el dinero no llega completo, explora alternativas. Aquí entra el llamado salario emocional: flexibilidad, teletrabajo, horarios, días libres, formación, certificaciones, cambios de rol, variables.
Julio incluso sugiere llevar “bajo la manga” opciones realistas según tu puesto. No todo aplica, pero algo puede.
Por ejemplo, dos días remoto si tu rol lo permite, salir más temprano un día, apoyo para cursos, o un cambio de responsabilidades con proyección.
En empresas grandes también existen bandas salariales. A veces el aumento que buscas ya implica promoción. Saberlo te ayuda a pedir lo correcto.
El camino armonioso y el camino de presión
Francisco plantea dos caminos: el positivo y el negativo. El positivo es crecer en responsabilidades y justificar el ajuste. El negativo es insinuar que podrías irte. Ese camino existe, pero es arriesgado. Solo funciona si realmente tienes alternativa. Si no, puede volverse en contra. Sé estratégico con eso.
Por eso, muchos recomiendan el enfoque armonioso: educación, firmeza y datos. Incluso puedes reconocer el contexto de la empresa sin sonar débil.
Algo como: “Entiendo que quizá no es el mejor momento. Mi solicitud se basa en resultados y mercado. Si no se puede ahora, ¿cuándo podríamos proyectarlo?”.
Tu plan B: mejor saber que adivinar
Virna lo dice sin vueltas: es mejor saber que no saber. Si no preguntas, te quedas esperando señales que no llegan.
Si preguntas, obtienes una respuesta y puedes actuar. Tal vez sigues y construyes metas. Tal vez empiezas a explorar oportunidades. No eres un árbol. Te puedes mover.
Y si decides explorar, no lo hagas solo cuando “ya no aguantas”. Mantén networking activo. Habla con colegas. Actualiza tu perfil. Participa en procesos aunque no estés desesperado. Así, si un día la empresa te dice “no”, no te agarra sin opciones. Tu tranquilidad también se planifica.
En resumen, pedir un aumento de salario correctamente no depende de suerte. Depende de ordenar tu cabeza, preparar evidencia, elegir el momento, entender a tu jefe y llegar con un número claro. Con esa estructura, la conversación deja de ser tabú y se vuelve una herramienta profesional.