La vez que dominicano ganó 338 millones en Powerball

Diario al Día | Nueva Jersey, Estados Unidos - Pedro Quezada, dominicano nacido en Jarabacoa, La Vega, cambió su vida el 25 de marzo de 2013 al ganar 338 millones de dólares en el Powerball, uno de los premios más altos entregados a una sola persona.
Quezada, inmigrante y padre de cinco hijos, trabajaba desde temprano en su pequeña bodega antes de que la suerte lo llevara a convertirse en símbolo del llamado sueño americano, mientras validaba un boleto en Eagle Liquors, en Passaic, Nueva Jersey.
Tras confirmar que había acertado los números ganadores, Quezada expresó su alegría a su madre, asegurando que nunca más volverían a enfrentar dificultades económicas, recordando sus años de esfuerzo y jornadas extensas en su negocio familiar.

El dominicano había llegado a Estados Unidos siendo joven, enfrentando limitaciones económicas en República Dominicana y desempeñando múltiples oficios antes de abrir su bodega junto a su esposa, atendiendo el negocio de sol a sol con gran dedicación.
Parte de su rutina incluía detenerse en la licorería de Sunil Sethi para comprar cerveza y boletos de lotería, hasta que una selección automática lo convirtió en el ganador más destacado de la zona y de la historia reciente del Powerball.
La lotería informó que la probabilidad de acertar la combinación era de una entre 175 millones.

Con el pago único, Quezada podía recibir alrededor de 152 millones de dólares en efectivo tras impuestos, consolidando su posición entre los mayores ganadores de la organización.
Durante la rueda de prensa, Pedro Quezada apareció sonriente y sorprendido, agradeciendo lo que llamó “un regalo de Dios” y anunciando que ayudaría a familiares mientras procesaba su nueva realidad económica.
La historia generó repercusión internacional, y vecinos lo describían como un hombre trabajador y cercano, comprometido con su comunidad y decidido a no olvidar sus orígenes ni las dificultades enfrentadas antes del premio.

Con el tiempo, la exposición pública trajo conflictos personales y disputas legales que alteraron su vida, incluyendo reclamos familiares y controversias económicas que comenzaron a opacar el símbolo de superación que inicialmente representaba.
Uno de los episodios más delicados involucró denuncias legales por presuntas conductas inapropiadas de una menor vinculada a su entorno familiar, lo que derivó en detención, supervisión judicial y restricciones mientras el caso avanzaba ante los tribunales.

Pedro Quezada negó responsabilidad ante las acusaciones, cumpliendo con medidas judiciales y comparecencias periódicas, mientras los medios seguían de cerca el desarrollo del caso que contrastaba con la euforia de su victoria inicial en la lotería.

Su historia dejó de ser solo un ejemplo de éxito y fortuna para convertirse en un caso marcado por procesos legales y disputas, resaltando que la riqueza repentina también puede traer complicaciones imprevistas en la vida personal y pública.
A pesar de las dificultades, Pedro Quezada mantiene el recuerdo de aquel día en que su vida cambió, destacando que ganar la lotería fue un momento único, aunque los desafíos posteriores demostraron que la fortuna no siempre garantiza tranquilidad ni estabilidad inmediata.
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