Si usted vive en Estados Unidos, probablemente ya lo ha sentido en carne propia: una consulta, una visita a la sala de emergencias o una receta pueden costar muchísimo más de lo que uno esperaría. Y lo más llamativo es que esto no es solo una impresión: Estados Unidos es, desde hace años, uno de los países que más gasta en salud por persona.

En términos simples, aquí se invierten miles de dólares por persona al año en servicios médicos. Y, aun así, cuando se comparan algunos indicadores de salud pública con otros países desarrollados, los resultados no siempre están a la altura de ese gasto. Esa contradicción es una de las razones por las que el sistema de salud estadounidense se mantiene en debate permanente.

Ahora bien, para entender por qué ocurre esto, no basta con decir “todo es caro”. Hay que mirar la estructura del sistema, cómo se financia, quién paga, quién cobra y cómo se toman decisiones que afectan directamente su bolsillo.

Health Insurance
Photo by Marek Studzinski on Unsplash

Un tema que divide a la gente (y no solo por política)

El sistema de salud en Estados Unidos genera opiniones fuertes, y muchas veces opuestas.

En un extremo están quienes consideran que el país ofrece medicina de primer nivel, con tecnología avanzada, hospitales modernos, especialistas para casi todo y una amplia oferta de tratamientos. Para este grupo, la gran fortaleza está en la calidad del servicio y en la posibilidad de elegir proveedores (cuando el plan lo permite).

En el otro extremo están quienes ven el sistema como fragmentado, difícil de navegar y muy caro. Para ellos, el problema no es solo “cuánto cuesta”, sino también la manera en que se organiza: múltiples intermediarios, reglas distintas según el estado, planes con letras pequeñas, facturas difíciles de entender y costos administrativos altos.

Y aunque el debate suele aparecer en temporadas electorales, la verdad es que es un asunto social de todos los días: una enfermedad, un accidente o una emergencia puede cambiar la economía de una familia.

¿Cómo se organiza el sistema de salud en Estados Unidos?

En muchos países existe un sistema mayormente público o mayormente privado. En Estados Unidos, la organización es mixta: hay cobertura pública y privada. Lo particular aquí es que el sector privado tiene un peso enorme.

Durante años, las cifras han mostrado una distribución similar a esta (con variaciones según la época):

  • Seguro privado por el empleador: una parte importante de la población obtiene su plan de salud a través del trabajo.
  • Seguro privado individual: personas que compran su plan por cuenta propia.
  • Programas públicos: como Medicare y Medicaid.
  • Personas sin seguro: millones de residentes han quedado fuera en distintos periodos, por costos o por elegibilidad.

En otras palabras: no existe “un solo sistema”. Existen varios, conviviendo al mismo tiempo. Y dependiendo de su edad, ingresos, estatus laboral y estado donde vive, usted puede terminar en un camino u otro.

Photo by Alexandr Podvalny on Unsplash

Los programas públicos: Medicare, Medicaid y otras coberturas

Dentro de las coberturas públicas, hay tres nombres que se repiten constantemente porque cubren a una parte grande de la población:

Medicare

Medicare es un programa federal diseñado principalmente para personas de 65 años o más, y también para algunos casos específicos de discapacidad o condiciones particulares. En términos generales, es administrado por el gobierno y funciona como un esquema donde el Estado actúa como asegurador.

Algo importante: aunque Medicare ayuda muchísimo, no siempre cubre todo. En distintos momentos, se han señalado limitaciones o costos adicionales (por ejemplo, cobertura dental, visión, ciertos servicios preventivos o copagos, según el plan y la parte de Medicare que usted tenga). Por eso muchas personas terminan complementándolo con otros planes.

Medicaid

Medicaid está dirigido a personas y familias de bajos ingresos. Suele cubrir a grupos específicos como embarazadas, niños, adultos mayores, personas con discapacidad y familias que cumplen criterios de elegibilidad.

Un detalle clave es que Medicaid se administra por estados, lo que significa que las reglas pueden variar según donde usted viva. En la práctica, esto crea una realidad: dos familias con situaciones parecidas pueden tener resultados distintos dependiendo del estado.

Además, históricamente se ha hablado de un problema frecuente: algunos proveedores médicos no aceptan Medicaid o limitan cupos, porque el reembolso puede ser más bajo que el de otros seguros. Eso no significa que Medicaid no sirva; significa que a veces el reto está en encontrar proveedores disponibles.

Programas para niños y otras coberturas públicas

Además de Medicare y Medicaid, existen programas orientados a niños o a familias que ganan “demasiado” para Medicaid, pero “muy poco” para pagar un plan privado con tranquilidad. En distintas épocas se han conocido bajo nombres como CHIP/SCHIP (según el programa y el momento).

También hay coberturas específicas para grupos como veteranos, a través de sistemas de salud vinculados a servicios militares.

El sector privado: seguro por el trabajo y seguro individual

En el sector privado, hay dos vías principales:

1) Seguro médico a través del empleador

Es la ruta más común. La empresa negocia con una aseguradora y ofrece planes a empleados (y a veces a sus familias). Algunos empleadores subsidian parte de la prima mensual, otros subsidian menos; todo depende del tipo de trabajo y el plan.

La gran ventaja suele ser el acceso, porque es más fácil entrar a un plan mediante el empleo que hacerlo solo. La desventaja: si usted pierde el trabajo, puede perder el plan o enfrentar costos más altos para mantenerlo.

2) Seguro individual (comprado por cuenta propia)

Es cuando la persona compra su plan sin depender de un empleador. Por años, uno de los temas más criticados fue que algunas aseguradoras podían negar cobertura o encarecerla por condiciones preexistentes. En periodos recientes, leyes de reforma han intentado cambiar esa dinámica y establecer reglas más claras.

Lo importante para el lector es esto: el mercado individual puede ser más caro y más confuso si usted no conoce términos como deducible, copago, coseguro o red de proveedores.

Y esa complejidad no es abstracta: termina reflejada en facturas, en trámites, en llamadas, en cartas y en meses resolviendo un cobro.

Por qué el sistema se vuelve cada vez más caro

Uno de los problemas más mencionados del modelo estadounidense es el aumento constante de costos. A lo largo del tiempo, el país ha destinado cifras enormes al sector salud, y una porción considerable no se va directamente a atención médica, sino a administración, gestión y procesos.

También influye el modelo de pago por servicio: en muchos casos, los proveedores cobran por cada procedimiento, análisis o visita. Eso puede incentivar volumen, y el resultado puede ser un sistema más costoso si no se controla bien.

Mientras tanto, para el ciudadano común, el aumento se siente de formas concretas:

  • Primas mensuales más altas.
  • Deducibles más altos (usted paga más antes de que el seguro “empiece”).
  • Copagos y coseguros que se suman rápido.
  • Medicamentos con precios difíciles de entender.
  • Sorpresas por “fuera de la red”.

El punto más delicado: cuando una emergencia afecta las finanzas del hogar

Hay un miedo silencioso que muchas familias conocen: no es solo enfermarse, es lo que cuesta enfermarse.

Incluso con seguro, un episodio médico serio puede implicar gastos altos. Y sin seguro, el impacto puede ser devastador. Por eso, durante años se ha hablado de algo que suena exagerado hasta que pasa: personas que terminan endeudadas o en bancarrota después de una emergencia médica.

Esto no se trata de asustar a nadie. Se trata de una realidad: cuando el sistema es caro, fragmentado y difícil de navegar, el riesgo financiero crece.

Photo by Owen Beard on Unsplash

Entonces, ¿Estados Unidos tiene buena medicina o mal sistema?

Ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.

Estados Unidos puede tener hospitales excelentes, especialistas de alto nivel y tecnología avanzada, y aun así tener un sistema donde el acceso y el costo se vuelven un reto para millones. Por eso el debate no es solo “calidad médica”, sino cómo se financia y cómo se distribuye esa calidad.

En muchos países desarrollados, el gasto puede ser menor y la cobertura más amplia. En Estados Unidos, la discusión se enciende porque el gasto es enorme, pero la experiencia del paciente cambia mucho según su plan, su estado, su empleo y su capacidad de pagar.

Lo más importante: entender el sistema para protegerse

Más allá de ideologías, hay algo práctico que le conviene a cualquier familia latina en Estados Unidos: informarse. Entender cómo funciona el sistema ayuda a tomar mejores decisiones, evitar errores costosos y prepararse mejor.

Si usted vive aquí, vale la pena aprender lo básico:

  • Qué cobertura tiene y qué no cubre.
  • Cuál es su deducible y cuánto puede pagar de su bolsillo al año.
  • Qué proveedores están en su red.
  • Qué alternativas existen si no tiene seguro (clínicas comunitarias, centros de salud, programas estatales).
  • Cómo leer una factura médica y qué hacer si encuentra cargos que no entiende.

El sistema de salud en Estados Unidos seguirá siendo tema de debate y cambios. Pero mientras ese debate ocurre, lo que usted haga hoy para entenderlo puede marcar la diferencia mañana.

Nota: Este artículo es informativo y no sustituye asesoría médica, legal o financiera. Para decisiones sobre seguros o atención, consulte fuentes oficiales, su aseguradora o un asesor calificado.