Vivir en otro país no es sencillo. Uno se adapta al idioma, al clima y al ritmo, pero la comida siempre pesa.
Extrañamos a la familia y a los amigos, sí, pero también ese sabor que nos acompañó toda la vida. La comida conecta recuerdos, domingos largos y conversaciones sin prisa.

Al llegar a Estados Unidos, muchos piensan que será imposible encontrar los ingredientes de siempre. Esa duda aparece rápido.
¿Habrá cilantro de verdad? ¿Existirá la arepa de maíz, no de harina? ¿Se conseguirá chorizo colombiano o queso blanco para freír?
El primer descubrimiento: las tiendas latinas existen
La buena noticia es que sí existen lugares donde uno se siente de nuevo en casa. Supermercados latinos, tiendas de barrio y cadenas especializadas llenas de productos que hablan nuestro idioma sin decir una palabra. Desde que entras, la música y los aromas hacen su trabajo.
En estas tiendas encuentras productos completamente latinos. Aceites, granos, carnes, frutas, dulces y hasta productos de limpieza que reconoces por el olor. No es solo comprar comida. Es revivir costumbres que parecían lejanas.
Frutas y verduras que saben a recuerdos

Uno de los mayores alivios llega cuando ves la sección de frutas. Mangos firmes, aguacates a buen punto, guayabas, papaya y piñas grandes. Algunas cosas sorprenden.
Cuatro limones por un dólar. Aguacates a setenta centavos. Mangos que antes caían del patio, ahora cuestan un dólar veinte.
También aparecen frutas menos comunes. Peras que nunca habías visto, ciruelas chilenas, kiwis, manzanas de todos los tamaños.
Los precios suelen ser más altos que en nuestros países, pero la variedad compensa. Aquí se puede elegir sin resignarse.
El reino de los ajíes, especias y hierbas

Una sección que emociona es la de ajíes. Rojos, verdes, amarillos, pintados. Picantes, dulces y suaves. Aquí uno entiende que cocinar bien no depende solo de la receta, sino del ingrediente correcto.
Las especias abundan. Canela, manzanilla, albahaca, clavos, semillas y hierbas secas. No todo es barato.
La manzanilla puede costar más de cinco dólares, la albahaca lo mismo. Sin embargo, están disponibles, y eso ya es ganancia.
Cilantro, perejil y las discusiones eternas

En la zona de verduras aparecen los clásicos. Lechugas de todo tipo, cebollas, raíces chinas, pepinos y hongos. El cilantro está ahí, claramente identificado, separado del perejil para evitar peleas. Ambos se ven distintos, como debe ser.
También hay yuca, plátanos verdes y maduros, nopales, y productos que permiten preparar desde un arroz chino bien hecho hasta un sancocho completo. Todo está frío, refrigerado, como exige el sistema aquí.
Marcas latinas que cruzaron fronteras
Muchas marcas no nacieron en Estados Unidos, pero ya son parte del paisaje. Algunas vienen de España, otras de Puerto Rico, y muchas compran directamente en Latinoamérica. Importan productos y les colocan su marca para distribuirlos aquí.
Goya aparece por todas partes. Harinas, frijoles, adobos, enlatados. No siempre es igual a lo de casa, pero funciona. Es una solución práctica cuando no encuentras la marca exacta que recuerdas.
La carnicería, un punto clave
La carnicería latina es otro mundo. Aquí encuentras cortes para asar, sopas y guisos. Desde ribeye y New York steak hasta panza para sopa, mollejas y cortes de cerdo específicos.
La libra de carne varía según el corte. Un filete puede rondar los diez dólares la libra. La panza para sopa cuesta menos, pero sigue siendo especial. También aparecen salamis, longanizas y chorizos de distintos países.
Chorizos, morcillas y sabores regionales

Para muchos colombianos, encontrar morcilla es un logro. Aquí aparece, alrededor de cinco o seis dólares. Chorizo colombiano, argentino y de otros países también está disponible. No es diario, pero cuando se antoja, se consigue.
El pollo nunca falta. Es base de muchas recetas y suele tener precios más accesibles. Tenerlo disponible da tranquilidad, porque permite improvisar comidas sin complicarse.
Quesos que cambian de nombre
La sección de quesos genera emociones encontradas. Hay queso paisa, queso blanco, queso para freír, queso llanero, venezolano, hondureño y mexicano. Los nombres cambian según el país, pero el uso es similar.
Eso sí, siempre falta alguno. Para algunos, el queso costeño no aparece. Es la única queja frecuente. Aun así, las alternativas permiten resolver. El queso paisa o blanco funciona para muchas recetas.
Arepas, cachapas y masas listas
Las arepas aparecen en varias versiones. De maíz puro, no de harina. Algunas vienen rellenas con queso, listas para cocinar. Los precios rondan los tres o cuatro dólares y suelen traer varias unidades.
También hay productos para cachapas, buñuelos, pandebono y otras masas tradicionales. Para quien no quiere moler ni mezclar, estas opciones ahorran tiempo y mantienen el sabor.
Postres que endulzan la nostalgia

La pastelería latina es otro punto fuerte. Flanes, tres leches, gelatinas con leche, cocadas y dulces de ajonjolí. Un tres leches de buen tamaño puede costar más de ocho dólares, pero cumple su misión.
Estos postres no son de diario, pero cuando llegan visitas o hay un antojo fuerte, se agradece encontrarlos sin tener que hornear desde cero.
Galletas, arroz y básicos del hogar
Las estanterías de galletas traen clásicos conocidos. Festival, Ducales, cocosete y otras marcas que acompañaron meriendas por años. Los precios varían, pero siguen siendo accesibles.
El arroz ocupa mucho espacio. Sacos grandes, arroz blanco y marrón. Se nota que el mercado entiende cuánto arroz consumimos los latinos. También hay lentejas, arvejas y granos menos comunes.
Bebidas que saben distinto en vidrio
Las bebidas merecen mención aparte. Pony Malta, maltas varias, gaseosas colombianas, peruanas y mexicanas. Las botellas de vidrio llaman la atención porque el sabor se siente más auténtico.
Un paquete de seis Pony Maltas puede costar más de siete dólares. No es barato, pero para muchos vale cada centavo por el recuerdo que trae.
Productos de limpieza que también importan
No todo es comida. En estos supermercados encuentras productos de limpieza familiares. Suavizantes, limpiadores y detergentes con olores que recuerdan a casa. Usarlos hace que el hogar se sienta menos ajeno.
Los precios son más altos que en nuestros países, pero tener acceso a las marcas conocidas genera comodidad y confianza.
Tiendas pequeñas, supermercados grandes y Walmart
Además de los supermercados latinos grandes, existen tiendas pequeñas de barrio. Ahí se encuentran productos específicos de ciertos países. A veces son más caras, pero tienen cosas únicas.
Walmart ofrece algunas alternativas. Harinas, frijoles y productos Goya suelen ser más baratos. La variedad latina es menor, pero sirve para completar la despensa sin gastar tanto.
¿Es más caro comer como en casa?
La respuesta corta es sí. Muchos productos cuestan más. Sin embargo, no son inalcanzables. Uno aprende a elegir. Compra lo esencial en tiendas latinas y completa en supermercados grandes.
Cuando se quiere un gusto especial, vale la pena recorrer un poco más y pagar ese extra. La experiencia lo compensa.
Más que comida, una experiencia emocional
Ir a un supermercado latino no es solo hacer mercado. Es escuchar música conocida, hablar en español y sentirse parte de algo. Cada producto despierta recuerdos y conecta con la identidad.
Por eso, aunque los precios sean más altos, muchos regresan. No solo compran ingredientes. Compran un pedazo de su historia.
Sí se puede cocinar como en casa
Conseguir ingredientes latinos en Estados Unidos es posible. Requiere paciencia, exploración y aceptar algunos cambios. No todo será igual, pero el sabor se puede mantener.
Entre tiendas latinas, supermercados grandes y alternativas, se arma una despensa suficiente para seguir cocinando nuestros platos. Al final, la comida sigue siendo ese puente que nos mantiene cerca de casa.