Si hay una ciudad que te abraza con acento latino apenas aterrizas, esa es Miami. Aquí no vienes solo a “comer rico”.
Vienes a escuchar salsa de fondo, a sentir el calor humano en la barra, y a descubrir que cada barrio tiene un sabor distinto. Yo lo viví así, bocado a bocado.
La misión suena simple, pero en Miami se vuelve un reto delicioso: elegir lugares de distintos países y armar una ruta realista.
No la lista perfecta de internet, sino un recorrido que puedas repetir cuando vuelvas con antojo. Y sí, la Calle Ocho y la Pequeña Habana aparecen temprano por una razón.
Primera parada: Cuba en la Calle Ocho y el sándwich “aplastadito”

Arranqué en Little Havana, directo a la Calle Ocho, con esa vibra de banderas, música y cafeterías que parecen de toda la vida.
El plan era claro: probar el famoso sándwich cubano. El lugar se llama Sandwich, y desde afuera ya huele a plancha caliente y pan tostado.
El cubano aquí viene como manda la tradición: mostaza, pepinillos, jamón, queso suizo y cerdo marinado. Me llamó la atención que le dicen “lechón” a una parte del cerdo, y que usan un pan blanco tipo pan cubano.
Lo que hace magia de verdad es la prensa, la “sandwichera” que lo aplasta.
Verlo hacerse te abre el apetito. Ponen los dos tipos de jamón, suman pepinillos, queso y mostaza, y a la plancha. Lo dejan varios minutos hasta que el queso se derrite bien.
A mitad, levantan la placa y le dan una barnizada generosa, como de mantequilla, para ese acabado doradito.
Al primer bocado, se siente el golpe del jamón ahumado, saladito y de buena calidad. El cerdo aporta jugosidad, y el pan queda crujiente por fuera, suave por dentro.
Aquí aprendí algo simple: el cubano no necesita mil ingredientes. Necesita buen producto y una prensa bien hecha.
Y como buen “menjurgero”, probé el truco local: sumar “los menjurjes”, una salsa verde y una salsa de ajo. Esa combinación le sube el volumen al sándwich. También probé el pan con bistec, parecido, pero con bistec, para variar sin salirte del espíritu cubano.
En esa misma vuelta, me recomendaron croquetas cubanas como entradita. Son más “mudaditas”, menos cremosas que las españolas, pero bien doradas, crujientes y con un aderezo con base de vinagre que va perfecto si te gustan los sabores ácidos. Además, el sitio tiene mención de la Guía Michelin, y el servicio se siente cuidado.
Cerré la parada con un cafecito cubano. La diferencia exacta la discute medio Miami, pero sí te digo esto: entra fuerte, dulcecito, y con ese aroma que combina con el ambiente. Música cubana, salsa bajita, gente hablando rápido. Se siente auténtico, y eso cuenta.
El Salvador: pupusas en Atlacat y el poder del curtido

La segunda parada fue El Salvador, con un clásico que no falla: pupusas. En Miami me mandaron a Atlacat, cerca del área de los Marlins.
El local se siente pequeño, acogedor y lleno, lo cual siempre es buena señal. Y algo bonito: el equipo te habla de “un pedacito de El Salvador” en ese rincón.
Antes de la pupusa, probé bebidas típicas. Había nance o nancite y horchata salvadoreña. La de nance me supo dulce, frutal y curiosa, como una fruta conocida pero con otro giro. La horchata, ojo, no sabe a la mexicana: recuerda a cereal, con vainilla y un toque especiado.
Luego vino la lección clave: la pupusa no se entiende sin curtido y salsa de tomate. Puede verse simple, pero ahí está la gracia. Cortas un pedazo, lo agarras con la mano, le pones curtido y salsa, y listo. Probé una de queso con loroco y otra revuelta con frijol, queso y chicharrón.
También me dieron un cierre dulce: empanada de plátano rellena de nata. Ese contraste entre masa de plátano, fritura ligera y relleno cremoso funciona demasiado bien. Mi sensación fue clara: en mi poca experiencia, Atlacat sirve pupusas muy cumplidoras y con sabor auténtico.
Perú en Miami: ceviche, leche de tigre y un toque nikkei

Después me fui con Perú, porque cuando te entra el antojo de ceviche, no hay mucha negociación. Probé ceviche en Ceviche 105 y también pasé por lugares como Aromas del Perú (por Coconut Grove) y Mi Ranchito Perú 2, recomendado por gente peruana cuando quieren “sabor de casa”.
La prueba comenzó como se debe: con leche de tigre primero, a cucharada. Esa es la esencia del ceviche. El tradicional, con pescado, estaba muy rico.
También me sirvieron algo más cargado, con langosta, calamar frito y mariscos, bañado en leche de tigre “naranjita”, con notas de rocoto y ají amarillo.
Ese segundo plato tiraba más a una fusión tipo nikkei, esa mezcla peruano-japonesa que juega con salsas y cortes.
Estaba bueno, pero no se siente “ceviche puro”. En Mi Ranchito Perú 2 me gustó el ambiente casero: te reciben con canchita y una salsita de ají.
Ahí pedí ceviche de concha negra, con su camote, choclo y platanito frito. Luego un pescado a lo macho, con mariscos, papa, arroz blanco y una salsa cremosa de ají amarillo que dan ganas de comer a cucharadas.
Un dato importante: los anticuchos los sirven los viernes, por si planeas tu visita.
México en Miami: birria estilo Tijuana en El Primo

En esta ruta, México llegó con El Primo, un lugar especializado en birria. Miami no siempre se vende como ciudad “mexicanísima”, pero estos tacos cumplen. Pedí taco original, taco dorado y la famosa quesabirria, con su consomé, su limón y esa grasita que pinta la tortilla.
El taco original tenía la carne suave, con textura más parecida a barbacoa. El dorado me gustó más por el “crunch” y el doradito bien logrado.
La quesabirria venía en triangulitos, con tortilla de harina, queso y birria. La salsita roja levantaba el plato, y ahí sentí el toque más feliz.
Venezuela: Arepa Bar, princesa pepiada y cachapa “de locura”

Si me preguntas por el lugar que más me sorprendió en esta vuelta, te digo Arepa Bar. Aquí la conversación siempre sale: ¿arepa colombiana o venezolana?
La verdad práctica es esta: se hacen distinto en cada país. En este caso, lo que probé fue estilo venezolano, y se nota desde la masa.
Pedí una arepa pabellón bien reportada: carne deshebrada, frijoles, queso, aguacate y plátano. También una princesa pepiada, con pollo desmenuzado y una mezcla cremosa con aguacate, más queso y hasta carne asada. Le puse salsa de cilantro y habanero para darle alegría.
Y luego llegó la reina del show: la cachapa. Masa de maíz dulce, caliente, con relleno estilo “steak and cheese”, y ese punto entre dulce y salado que enamora. Como extra, probé tequeños de queso, de nutella y uno con toque frutal tipo frambuesa. Salí feliz y lleno.
En otra vuelta venezolana probé también comida rápida en Ritero Burger, buscando arepas “cabimeras” y la cabimera de carne mechada.
Esa trae cuadritos de arepa frita, jamón, repollo, salsas, aguacate, huevo y queso frito. La comparé con unos “chilaquiles venezolanos” por la base crujiente, y lo sostengo: es un plato divertido.
Colombia: Fonda La Chismosa, empanadas y bandeja paisa

La ruta colombiana tuvo dos nombres que se repetían: Fonda La Chismosa y lugares de cocina colombiana como Palo Quemado.
En Fonda, desde que entras, te recibe música y un ambiente muy de “parche”. Te sientan y llegan salsitas: ají picantico, cebollín con vinagre, y ese toque ácido que despierta todo.
Arranqué con empanadas colombianas, una de carne y otra de queso. Me gustó que la de carne viniera con papa, porque ese relleno es puro abrazo.
Luego pedí una bandeja paisa, de esas que son varias comidas en una sola: arroz, frijoles, huevo, arepa, plátano, chorizo, lomo y chicharrón.
Honesto: no fue el mejor chicharrón que he probado, pero la bandeja es tan completa que igual te deja satisfecho.
Es un desayuno-almuerzo-cena en un plato. Y en Miami, cuando buscas algo contundente, esto te salva el día. Además, el trato fue de los puntos fuertes.
Argentina: El Fiorito, parrilla casual y chimichurri

Para Argentina, me fui a El Fiorito, una parrilla casual, de esas donde no pagas por lujo sino por sabor. Empecé con una Quilmes para el calorcito de Miami y unas empanadas horneadas de carne picada, que mejoran bastante con el chimichurri de la casa.
Luego cayó una tablita con morcilla, chorizo argentino y chistorra, todo bien jugoso. De principal pedí vacío y una milanesa napolitana término medio, como me gusta. Sentí que a la carne le faltaba un toque de sal, pero se resuelve fácil. El vacío fue mi favorito, sin discusión.
Honduras y Centroamérica: Café Adelitas, baleadas y pupusas “troquita”

En Centroamérica, Miami se pone serio. Pasé por Café Adelitas para probar baleadas con tortillas hechas a mano.
Probé una de frijoles, huevo, chorizo y queso duro, y otra de carne asada. Las preparas en la mesa con crema y cebollitas moradas encurtidas, que para mí son felicidad.
Luego me recomendaron una troquita llamada Sabores Centroamericanos, bien salvadoreña, con pupusas bien doraditas.
Aquí se repite la regla: el curtido manda. Probé una de chicharrón y otra combinada con frijoles y queso. No soy juez oficial de pupusas, pero sí te digo: de las mejores que me han tocado.
Una sorpresa “latina”: Miami Slice y la pizza venezolana

Y sí, también comí pizza en la ruta, porque Miami hace esas mezclas raras que funcionan. Miami Slice es famosa, con filas, y hasta aparece en rankings grandes de pizza en Estados Unidos.
Lo curioso: la fundaron cocineros venezolanos, incluido Chema, José María Cárdenas, que estaba en la barra sirviendo.
Probé rebanadas estilo Nueva York: trufa con champiñones y crema de trufa, puerro con tocino y crema de ajo confitado, la clásica margarita, una “salsera” sin queso con salsa roja y salsa de vodka, y pepperoni con miel picante y burrata. Mis favoritas: trufa con champiñones y pepperoni con miel picante.
Mercados, tacos y carnitas: Redland Market y la chef Carla Hoyos

Si quieres un plan distinto, maneja hacia Homestead y cae al Redland Market, tipo tianguis de fin de semana con productos, ropa y, claro, comida.
Ahí probé carnitas del Tacazo, tacos surtidos con cuerito, cilantro, cebolla y salsas. La tortilla pudo ser mejor, pero el sabor de la carne sí pegó auténtico.
En esa misma vibra, agradezco a la chef Carla Hoyos, que ayudó a armar varias paradas. Con ella también fui a su taquería Tacotomia, donde me comí unas flautas de papa con chorizo que siempre me ganan.
Este tipo de detalle hace que la ruta se sienta real, no armada a la carrera.
Un cierre caribeño: Puerto Rico y República Dominicana en Miami

Para Puerto Rico, probé mofongo en un lugar de la Calle Ocho donde la música estaba tan alta que parecía fiesta.
El mofongo tenía ese sabor criollo que te deja callado, y la Medalla bien fría ayudó a bajar el calor. Si te gusta lo caribeño, esta parada se disfruta sin prisa.
Y claro, no podía faltar República Dominicana. Entré a Milis Restaurante buscando algo que me recuerde a casa: mangú con salami, huevo frito, queso frito y cebollita. Ver ese mangú “suavecito” en Miami se siente como un abrazo. Además, el lugar tiene fotos de mucha gente conocida que ha pasado por ahí.
Mi ranking: lo que más repetiría en Miami
Después de tanto comer, me tocó ordenar el corazón. En una ruta, no todo es “qué está más rico”. También pesa el ambiente, el trato y si el lugar te deja ganas de volver.
En el primer ranking que hice, el número uno fue Arepa Bar por sus arepas y esa cachapa inolvidable.
En ese mismo ranking, puse Sandwich en el número dos por lo auténtico del cubano y la vibra de Little Havana. En el tres entró El Primo por la quesabirria y el taco dorado.
En el cuatro Atlacat por pupusas y postre de plátano. Y en el cinco Ceviche 105 porque, aunque estuvo bueno, se sintió menos “experiencia peruana completa”.
En otra vuelta más amplia, con más países, el orden cambió por el trato y la emoción del día: El Salvador quedó arriba por la experiencia y la calidez, luego República Dominicana, después Puerto Rico, Venezuela, Cuba, Colombia, México y Perú. Eso no quita mérito; solo refleja ese día.
Si vas a Miami, mi consejo es simple: no vayas con prisa. Elige dos o tres paradas por día, camina un poco entre comidas, y si estás por la Calle Ocho, déjate llevar por el olor a plancha y café. Miami es un mapa latino enorme. Y esta ruta apenas raspa la superficie.